Corrían los años ochenta, cuando Diego Armando Maradona nos deleitaba con su futbol, haciendo filigranas y virguerías con la pelota, trazando jugadas imposibles que quedaran permeables en el libro del fútbol. También, nos mandaba un mensaje a los jóvenes de entonces, de que las drogas eran una cosa mala y del diablo. Parecía un chaval muy saludable, humilde y sincero, que salido de la pobreza caminaba hacia una fama merecida.
Pero las cosas se torcieron como aquél que prefiere que le quiten la vida pero no la bebida. Acabando acompañado de adicciones varias, haciendo amistades de cuadrilla con hábitos defectuosos y canallas.
Servidor cree, que este hombre se lió el mismo, vamos, que no tenía las cosas claras ni muchas luces para su propio entendimiento. Y, como una nebulosa, empezó a confundir molinos con castillos, siendo el resultado la decadencia y principio de ruina, apagando la luz de una estrella que resplandecía y maravillaba por las canchas en las que enredaba con su ingenio. Brilló por su manera de jugar al fútbol, por su carisma, por su don y gracia de hacer arte sus requiebros con el balón y el levantar estadios de sus butacas. Movió a las masas ,y estas, le siguieron hasta que se cansaron de sus fechorías.
Del Barça salió por la puerta de servicio, medio mareado camino de un Nápoles que le esperaba con más vicios que virtud para el recreamiento del deporte.
Después de una estancia en "Casa Cuba", con su amigo Fidel Castro, -ese revolucionario que siempre va al revés del mundo, - volvió a darle a la pelota, pero ya con barriga prominente y patosos movimientos, casi cómicos y un tanto caricaturescos.
Ahora, a sus casi cincuenta años, lleva las riendas de la Selección Argentina, con no poco dolor para su afición, que ven como cosa adversa y desgracia anunciada, de un triste espectáculo surrealista y de declaraciones bastante vulgares y desafortunadas a las gentes de la prensa.
- - ¡Que la chupen y que la sigan chupando!
Tocado parece que está el hombre, no se sabe si tocado por los dioses o por "sustancias" mucho más terrenales, viendo a la estrella poco cabal, histriónico y arremetiendo y dando mordiscos con esa rabia que dá la frustración, que es tierra fronteriza de las almas tristes y vengativas.
- - ¡A chuparla!, ¡Mamones!
Tanta delicadeza y exquisito miramiento con los medios que un día le subieron a los cielos, no hace más que envenenar las aguas en las que naufraga. La sombra de Diego se va acortando a medida que se va alejando del sol. "Llorarás en el olvido, vivirás la fantasía del recuerdo "; es refrán de tanta crueldad como verdad.
No se sabe si acabará manteado como el Quijote en cualquier olvidada taberna, pensando que es ordenado caballero. Porque el camino que lleva andado, es más bien de escudero que de noble Hidalgo.
Pero como no suele ser bueno añadir llama a la llama, ni hacer leña del árbol caído, esperemos el próximo Mundial de Sudáfrica antes de ponerle puertas al campo. Y qué, aquél Maradona que fue venerado y santificado, no acabe siendo un dios de la risa para mofa de unos muchos. Tengamos paciencia, que si sigue en su cargo de entrenador, ocurrencias y aventuras ya nos ofrecerá.
Sergio Farrás (escritor tremendista)

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