"DE FACTO", ZAPATERO NO ES BELÉN ESTEBAN
El pensamiento construye el mundo y este gira con una cierta libertad y realidad. Estos últimos días, se ha tomado el gusto por desprestigiar la figura y el futuro del Presidente del Gobierno. Afición que tampoco tiene más merito que estrategia y maniobra circense de canallas civilizados.
En estos tiempos de locura donde una encuesta de dinámica perversa nos muestra unos ratios de qué; la señora Belén Esteban, obtendría el suficiente apoyo para ser la tercera fuerza política de España, desanima al más erudito de los oradores y artesanos de las ciencias políticas. Aunque también, lo podrían conseguir si se lo propusieran, cualquier friki de la fauna televisiva actual de este desvarío. Aunque corresponder con el aplauso a tal barbaridad sería de necios. En este riesgo de los tiempos que vivimos, más nos valdría pensar en las cosas que decimos. Y más nos valdría pensar en las consecuencias.
El maestro Felipe González, hombre de labradas palabras y, ya, de blancos cabellos, también tuvo que salir a palestra para despejar este gran momento de la mística política española. Tirando de aquellos ilusionados eslóganes y lemas de: "habla pueblo habla..." de los años ochenta, que aún, se guardan en el recuerdo de algún votante. Y que parece, que daban más confianza y no cansaban tanto las excusas ni el postmodernismo político actual. Ya qué, como mucho, se tiraba del "Informe Semanal" de la época. Televisión y política siempre han ido de la mano, pero intentar que se presenten los de Star Trek, -pongamos por caso- sería perversión que desvanece tan aprisa el sentido común que no alcance el buen juicio
González, aprovechando la presentación de su nuevo libro, hace un paréntesis medio reflexivo y atajo de este desvarío, echando una mano a Zapatero. Viendo como la música, en esto de la política, se va poco a poco para dejarlo todo al azar. Y como dijo Juvenal: "Nunca es largo el camino si conduce a casa de un amigo".
Cierto es, que el caso de las primarias de Madrid haya creado una confusión que no debe de ir más allá de los colores tiernos del socialismo. Y que, la falta de liderazgo es algo común en nuestros días. Y el efecto "Obama", parece que se deshincha como cual globo de un payaso triste. Quizás, el desgaste excesivo, o la visión distinta y tibia que los ciudadanos tenemos de nuestros dirigentes, a los que podemos llamar de "tú" sin demasiado desdén ni cortesía. Y eso, a los buenos puede que ofenda.
La política siempre ha sido algo de tacto frío, género de desconfianzas y de rogar oraciones por almas. Pero no podemos perder la perspectiva. Aunque esta globalización parezca cosa del diablo cabreado y pasado de azufre, donde su aliento entra a bocanadas por la ventana del escepticismo e incertidumbre del pueblo trillado y cansado de tantas promesas casi siempre olvidadas. Y que termina siempre por acostumbrarse a la apatía de la indolencia y la desgana. Porque al final, junto a todo esto, acabe derrumbándose toda ilusión de acudir a las urnas medio centrados y equilibrados.
No debemos caer en la tentación de lo absurdo y lo insensato. Y que sea berrinche lógico y entendible el desgano del ciudadano. Porque en la carátula sobrecubierta de la frustración y chascos por todo lo que nos han dado, solo faltaban experimentos con bichos surrealistas y palomas jugando al ping-pon. No debemos de tomar el café frío, pues este, se convierte en insomnio de madrugadas.
Y todo esto, servido como un banquete para el PP, que le sirve para alimentar su gula y bulimia desmesurada por llegar a gobernar. Y si es necesario se pacta con el diablo. Aprovechando este desvarío para sembrar su verdad, de una realidad próxima a la de sus propios sueños de poder, ansiosos y jadeantes. Porque es su estrategia, y dispuestos están en sembrar semillas aunque sean estériles y peligrosas para la salud.
Necesitamos un momento de silencio, un momento de lucidez en el que se imponga una cavilación y que pase la resaca de todo este desconcierto. Una chispa brillante que haga testear la máquina de la comunidad y vuelva a arrancar el engranaje. Para que encaje el sentido común con la verdadera necesidad social. Y dejar atrás estas historias de caballerías efímeras y sin rastros de futuro permeable. Porque el mundo, no es tan obvio ni divertido como pensamos.
La política en manos de Frikis y potenciada por las productoras más canallas y míseras, de fábrica de figuras creadas para entretenimiento televisivo, sería tan descabellado como pintar rocas con purpurina ante una tempestad. Algo surrealista y un punto esquizofrénico, que nos acercaría a la locura social más de enajenación y óptica revolucionaria de mercadillo y rastro, que el derecho de participación en el carrusel político. Donde podrían vagar a su alrededor bufones de todo tipo y género de lo más divertido.
Tomar una piedra con la mano y arrojarla contra el sentido común de nuestras creencias naturales, no es solución para ingerir la fruta amarga de la crisis y los problemas de desempleo. Porque siempre se acaba viendo proyectada en la sombra la estupidez del que tira el pedrusco traicionero. El destino nunca deja de rodar y enmarañarse por sí solo, quizás por su propia inercia. Que alguien lo desenredase por el bien de nuestro futuro más cercano sería cosa de agradecer. Para saber que no todo esto es raro, oculto y denso, y de caprichos extravagantes.
En la partitura de esta orquesta que desafina y que en música se derrama, deben de sincronizarse todos los instrumentos para recuperar la confianza del ciudadano desorientado. Para adivinar y resolver sus dudas y temores más inmediatos. Y que todo esto, no se pierda en esa tesitura que chirría de menor a mayor credibilidad y de dimensión que se adueña de la irracionalidad. Pues, la idea de un futuro político circense y de espectáculo de feria, es peligrosa como un barril de pólvora expuesto al sol.
Pues "de facto", no nos debemos dejar arrastrar por la fuerza de las circunstancias. Y según se tuerzan los acontecimientos, enderezar las velas para navegar cerca, muy cerca de la orilla. Seamos sensatos.
Sergio Farras, escritor tremendista.
